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Una comunidad indígena de México encuentra su hogar en los campos de Colorado

La cultura, las costumbres y las personas están cruzando las fronteras y alimentando dos economías.

 

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This story is also available in English here.

Esta historia hace parte de la serie en curso Back 40, en lo cual periodistas de High Country News investigan las tendencias nacionales y sus impactos en los alrededores.

A las 6:08 de la mañana un día reciente de marzo llegó el autobús al otro lado de la calle del motel en donde vivía Magdaleno Díaz. El sol apenas estaba apareciendo, iluminando el cielo con un tinte suave de rosado y anaranjado. La temperatura era -13 grados afuera y la tierra estaba cubierta con la nieve de unos días atrás. Con su cara protegida por una bufanda negra y su mochila en su espalda, Díaz atraviesa la calle cubierta de hielo. Como es la costumbre en su pueblo campestre de Colorado, Díaz anda con su gorro de camionero y sus botas de vaquero, viajando por camión cinco días a la semana de Gunnison, Colorado, con una población de 6,500 personas, al elegante pueblo vecino, Crested Butte, donde trabaja como gerente en uno de los hoteles de lujo.

Díaz es uno de los tantos cientos de Coras, una comunidad indígena originaria de la montañas de la Sierra Madre Occidental, que ahora considera el valle de Gunnison su hogar. Díaz y la mayoría de los Cora que viven en el valle vienen del mismo pueblo -Jesus María- y son considerados la mayor comunidad Cora fuera de Mexico. Aunque Gunnison y Jesús María están a 2,250 kilómetros de distancia y en lados opuestos de la frontera, las dos son ciudades hermanas no oficiales donde la cultura, los costumbres y las personas cruzan fronteras, crean identidades nuevas y alimentan dos economías distintas.

Los pueblos campestres en las montañas del oeste se han desarrollado con la ayuda de trabajadores migrantes desde hace décadas. El pilar invisible que sostiene las economías de estos pueblos, desde Telluride hasta Jackson Hole, son los pastores de ovejas, los obreros de la construcción y los trabajadores en los hoteles y restaurantes que vienen de otros países. Según el reporte de Headwaters Economics, algunos de los pueblos rurales occidentales que están creciendo más rápidamente deben su éxito a sus residentes inmigrantes. Eagle County, Colorado y Teton County, Idaho, que son comunidades con servicios hoteleros para las zonas turísticas, tienen el crecimiento rural mas rápido de toda la región. Gracias a un cambio demográfico hacia más residentes que no son blancos que reubicaron por razones familiares o económicas. El reporte demuestra que en 19 por ciento de los pueblos rurales occidentales, el crecimiento fue solamente porque la población minoritaria aumentó.

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En el caso de los Cora, muchos vinieron inicialmente para trabajar en el oeste de Colorado al fin de los 1970s. Se contrataban los hombres como pastores de temporada y así podían volver a Jesús María por unos meses cada año. Después de que se fortaleciera la frontera, volvió más peligroso y costoso entrar a los EEUU sin documentos, por lo cual muchas familias se mudaron permanentemente. En los últimos años, la violencia relacionada con las drogas ha golpeado a Jesús María, un pueblo que empezó a cultivar y traficar la marihuana y la amapola a comienzos de la década 1990. Aun asi, la mayoria de los Cora dicen que se mudaron a Colorado por razones económicas y la falta de oportunidades en Jesús María. “Todos los que vinieron trabajaron muy duro,” nos explicó Díaz sobre la primera oleada de contratados. “Jesús María no tenía trabajo, y por eso vinimos aquí - para intentar ayudar a nuestras familias.”

Díaz pudo sacar papeles en 1985 cuando tenía 17 años y llegó a los EEUU. Inicialmente tenía una visa de 90 días solamente para trabajar, luego una visa de 3 años, y ahora su permiso de residencia. Ha trabajado en la fábrica de Russell Stover en Montrose empaquetando chocolate y también como ranchero en las montañas Saguache cuidando al ganado y sus terneros. Actualmente, Díaz trabaja como encargado del equipo de limpieza en el Grand Lodge además de trabajar como traductor entre el español, inglés, y Cora en la corte de inmigracíon. En las noches, estudia para su GED y toma clases de inglés. Díaz también está aprendiendo a esquiar de fondo.

Como muchos migrantes, Díaz envía dinero a su familia en México e invierte en su propiedad. Ahora es dueño de dos casas justo afuera de Jesús María y mantiene ganado. Según la secretaría de desarrollo social en México, 61.6 por ciento de los residentes del municipio donde queda Jesús María, Nayar, viven en pobreza extrema. El dinero que envían los Cora que viven en los EEUU no solamente contribuye a la sobrevivencia de sus familiares en México, sino que también vincula las dos comunidades.

Aunque las oportunidades económicas se reciben de buena manera, la transición no es fácil. Las comunidades indígenas en México suelen enfrentar el racismo sistémico y una falta de oportunidades, pero migrar a los EEUU no siempre alivia las tensiones entre los Cora y los mexicanos mestizos que no se identifican como indígena. Cada mes, Díaz asiste a la reunión de Emigrantes Unidos de Gunnison, organizado por Hispanic Affairs Project, una organización local que defiende migrantes y trabaja con mexicanos de cualquier etnicidad y cultura. Díaz dice que “Somos todos iguales. Tenemos la misma sangre, nuestra sangre es roja, sangramos iguales.” Las reuniones ayudan mantener la comunidad informada sobre eventos y leyes que tal vez la afecten, incluyendo la campaña reciente para expandir el programa de licencias para conducir en Colorado para los que no tengan documentos.

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Según Díaz, las personas de Gunnison lo miran en una manera que antes lo incomodaba a él y a los demás Cora, pero el centro multicultural del condado, de lo cual un tercio de sus clientes son Cora, ha estado trabajando para dar la bienvenida a migrantes. Después de las elecciones presidenciales de 2016 y la oleada de terror que pegó las comunidades migrantes, varios pueblos en el valle de Gunnison publicaron proclamaciones del día internacional de migrantes en diciembre y reconocieron formalmente las contribuciones de migrantes a la economía regional. Además de llenar puestos en pueblos como Crested Butte, donde la tasa de desempleo está más baja que en otras partes del país, los migrantes contribuyen en muchas otras maneras: participan en su economía local, mantienen abiertas las escuelas, crean trabajos y construyen negocios en las comunidades donde viven.

En mitad de abril, Díaz iniciará un viaje muy largo que empieza a bordo del autobús Los Paisanos en Denver - una compañía de autobús que conecta las ciudades grandes de los EEUU a varios sitios en México - y luego pasando por New Mexico y la frontera politizada en El Paso, Texas. Después de dos noches durmiendo en su asiento, Díaz bajará en Jalisco, México, y empezará la segunda parte de su viaje, 8 horas más en camión hasta Nayarit. De ahí, va a pasar unos días con su mama en Jesús María antes de tomar un taxi a su casa afuera del pueblo donde Díaz dice que le gusta el aire fresco.

Díaz ha completado el viaje anualmente hace rato y a veces se encuentra con otras personas de Gunnison en el autobús bajando a México. “Los Cora que tienen papeles van, y los que no los tienen se quedan aquí,” dijo Díaz. En los años anteriores, Díaz agregó que varios que no tenían papeles arriesgaron el viaje de todos modos, pero ahora cuesta entre $5,000 y $6,000 para cruzar la frontera ilegalmente con la ayuda de un coyote. El viaje anual de Díaz marca el festival más importante de su pueblo: Semana Santa, una celebración que le ayuda a Díaz mantenerse conectado con su pueblo.

Díaz me cuenta, riendo, que a veces sorprende a los turistas en Jesús María cuando está de visita hablando en inglés y preguntándoles como están. Siempre le responden muy sorprendidos: “ hablas ingles?” A el le gusta los idiomas, le han ayudado mantenerse conectado a su vida en México y a su vida en los EEUU. “Gunnison para mi es como mi hogar, porque puedo hablar con cualquier persona.”

La High Country News editora asistente Jessica Kutz escribe desde Tucson, Arizona. Envíale un correo electrónico a [email protected] 

This story was translated by Olivia Thomas, a student at Fort Lewis College, based in Durango, Colorado.