Un ‘Dreamer’ sueña con postularse a la política

Reflexiones a más de un año después de la elección de Trump.

 

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Siempre he preferido mantenerme callado sobre mis pesadillas, algunas de las cuales se han vuelto realidad, como la elección de Donald J. Trump a la presidencia, o el hecho de que mi papá se encuentra en proceso de deportación, o de que no podemos pagar por el tratamiento al problema cardíaco del cual sufre mi mamá. Por éso prefiero centrarme en mis sueños, llevando a mis padres en mi mente y en mi corazón mientras sigo luchando por un sistema migratorio más justo, y por un mejor trato a los inmigrantes.

Me trae consuelo viajar a lo largo de Speer Boulevard en Denver, cruzando sus puentes verdeazules, el río y los rieles del tren, mirando desde arriba a la ciudad que considero mi hogar desde el 2012. Cuando veo los edificios al centro de la ciudad, me siento libre. Me hacen recuerdo a la primera vez que vine, cuando tenía 14 años y nunca antes había visto rascacielos excepto en las películas. Mi familia había venido a Denver para traer a mi abuela a la estación de buses; en la comunidad rural de Nebraska donde vivíamos no conseguimos buses que podrían llevarla hasta México.

Hoy, mientras manejo a lo largo de la avenida, puedo divisar algunas calcomanías en los carros que me rodean. Simplemente proclaman “TRUMP,” o “NATIVE,” lo que me indica que aquéllas personas sienten tener más derecho que yo a éstas tierras. Sin embargo, Denver es el hogar de alrededor de 55.000 inmigrantes indocumentados, y ese conocimiento es lo único que me permite enfocarme en un momento como éste, cuando miles de ellos están siendo deportados — o se encuentran bajo la amenaza de serlo.

Juan Gallegos reflejado en la ventana de la oficina de campaña de Hillary Clinton, para la cual el trabajó como voluntario durante la elección presidencial del 2016.
Paige Blankenbuehler

Gracias al programa de Deferred Action for Childhood Arrivals (o DACA), en el 2013 pude conseguir un indulto de dos años, el cual he renovado ya dos veces. En los últimos cinco años, he podido trabajar de manera legal bajo mi nombre verdadero — un sueño para cualquiera que haya llegado a éste país de forma ilegal. Me siento orgulloso de la vida que he construido desde que tengo una tarjeta de seguro social; orgulloso de mi educación en la Universidad de Nebraska en Kearney, y del trabajo que ahora hago, ayudando a inmigrantes a ganarse la ciudadanía y a registrarse para votar. Aunque algunas personas — incluyendo mi presidente — no quieran que me esté aquí, sé que soy exitoso: vivo el sueño americano, y dedico mi vida al servicio público.

A través de mi trabajo para la Coalición de Derechos de los Inmigrantes en Colorado y el CIRC Action Fund, he podido ayudar a más de 3.000 personas con su aplicación para la ciudadanía. A menudo pienso que si aquéllos a quienes he podido ayudar recordaran que estuve ahi cuando más lo necesitaban, ellos también, a cambio, podrían votar por los candidatos que ayudarán a que inmigrantes como yo también podamos volvernos ciudadanos. Cuando por fin aplique a la ciudadanía, espero poder tomar el próximo paso: postularme a la política, para continuar mi servicio al público de manera diferente.

Vine a éste país con muy poco: una mochila con ropa en mi espalda y una cabeza llena de sueños americanos. A mis 12 años mi primera misión era de aprender el inglés y la cultura norteamericana; la segunda, de ponerme al día con mis tareas. Después de menos de un año en los Estados Unidos, saqué una calificación de A+ en matemática y pude entrar a pre-algebra. También pedí salir de la clase de inglés como un segundo idioma y pude tomar una clase de ciencia en su lugar. Sentí que estaba estaba teniendo éxito. Asi que a pesar de mi inglés limitado decidí postularme como vice presidente del alumnado en Hastings Middle School. No gané, pero fui un buen candidato.

Algún día, me postularé para un puesto estatal en Colorado. Mis amigos y yo bromeamos sobre llegaré a ser un senador cuando tenga alrededor de cuarenta años. Pero para que ésto pueda suceder, primero tendré que poder aplicar a la ciudadanía antes de cumplir mis 37. Mis perspectivas de futuro no son muy alentadoras: Por el momento, la única manera de obtener un estátus migratorio legal es a través del matrimonio con un o una ciudadana. La propuesta del Dream Act que se encuentra en el Congreso en éstos momentos me permitiría obtener la ciudadanía en 12 años — pero sólo si es que sería aprobada mañana mismo. Aquél proyecto de ley ha sido debatido una y otra vez sin mucho éxito desde que fue introducido en el 2001, en el mismo año en que llegué al país. En marzo, cumpliré 29 años. Tengo toda una vida por delante, y sin embargo, gran parte de esa vida sigue incierta.