Un grupo de estudiantes explora la naturaleza en el casco urbano de Los Ángeles

Los educadores esperan que esta escuela primaria fomente un compromiso con la ciencia y la conservación.

 

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California suele ser el primer estado del oeste en probar nuevas soluciones a problemas sociales y ambientales. En la actualidad, está a la vanguardia de un reto mucho más ambicioso, al mismo tiempo que sus ideales progresivos —así como su cada vez más diversa población— se encuentran en frecuente oposición a las políticas del Presidente Donald Trump. Cada mes en la sección Letter from California hacemos una crónica de los esfuerzos que realiza el estado al abordar su papel en el cambiante y moderno oeste.

Una cálida mañana de septiembre en Esperanza Elementary School, el director Brad Rumble y yo nos asomamos a un salón de clase donde se habían reunido algunos estudiantes para observar aves. Los niños se habían amontonado cerca de la ventana gritando emocionados por un pajarito amarillo, describiendo cómo era y preguntándose si lo habían visto antes. Te acabas de perder la curruca amarilla, me explicó Rumble. Los estudiantes guatemaltecos lo llaman ‘chipe’. Es inusual verlos en Los Ángeles, no porque su existencia allí sea rara, sino porque suelen pasar desapercibidos en el bullicio. Sin embargo, estos observadores de aves novatos esperan ver de nuevo la especie en su escuela cada otoño. 

Los estudiantes de Esperanza Elementary School buscan polinizadores en el hábitat del patio de la escuela. Esta área antes era un lote de asfalto.
Ruxandra Guidi/High Country News

El gran edificio cercado de Esperanza Elementary está ubicado en una concurrida intersección a solo dos millas (3 km) del centro de Los Ángeles, una parte de la ciudad sin muchos árboles o parques. La mayor parte de los 800 estudiantes de Esperanza son inmigrantes de segunda y tercera generación de México y Centroamérica, y viven en una de las áreas más densamente pobladas con la menor cantidad de parques de la ciudad. No obstante, al enseñarles a los niños a observar, documentar y a preocuparse por la naturaleza en el más improbable de los lugares, Esperanza Elementary School los está convirtiendo en los guardianes ambientales del futuro. 

Rumble, un ávido observador de aves, compartió su pasión con los estudiantes a fin de hacer que reconozcan la naturaleza en el lugar donde viven y su valor. Tengo 20 años en educación y he enseñado observación de aves por 12, pero venir a este denso ambiente urbano me hizo unir los dos intereses, expresó Rumble. Tenía que encontrar la manera de hacer que maestros y estudiantes salieran al aire libre. La elección, dijo, era hacer que los niños dibujaran una mariposa o que salieran a buscar una de verdad. Quería despertar la curiosidad de los alumnos por el mundo más allá de los medios urbanos o lo que se ve en televisión. Considero que los pájaros son los embajadores al mundo natural, comentó Rumble. O sea: hacer que los niños empiecen con las aves, incluso desde dentro del edificio de la escuela y después todo lo demás se dará.

Este turno empezó hace tres años cuando Rumble se convirtió en el director. Anteriormente, los estudiantes pasaban casi todo el día dentro del salón de clases. Pero un nuevo jardín cambió todo: Haciendo uso de los fondos de infraestructura, Rumble removió el asfalto de partes del estacionamiento y el área de juegos. Se comunicó con la sociedad ambientalista Los Angeles Audubon, quien le dio orientación sobre el proceso para crear un jardín nativo a fin de atraer pájaros y otros polinizadores, mientras que la National Wildlife Federation, una organización conservacionista de 82 años, le dio su sello de aprobación al jardín, como parte de su iniciativa nacional Schoolyard Habitats (hábitats en patios escolares). Rumble también transformó el almacén de equipo viejo de la escuela en una biblioteca de historia natural, así como también alentó a los maestros a crear planes de estudios que enfaticen habilidades científicas, como recolección de datos y observación.

Hoy los estudiantes usan lupas y recolectan datos observacionales en el hábitat de su patio escolar, donde arbustos como azumiate y liendrilla de venado atraen aves e insectos. Durante mi visita me uní a Gaspar, un estudiante de cuarto grado de cabeza rapada, mientras visitaba el jardín con una lista insectos por marcar. Vi como 30 moscas en mi casa. ¿Cuentan? Me preguntó. Antes de esperar mi respuesta, decidió incluir sus observaciones de casa en la hoja de datos.

Después me senté en una clase de ciencia para unos 15 alumnos de tercer y cuarto grado en la biblioteca de historia natural de la escuela. Al frente del salón estaba Amy Jaecker-Jones, coordinadora del programa comunitario de ciencias del Museo de Historia Natural del Condado de Los Ángeles, que trabaja en colaboración con Esperanza Elementary School en educación científica. 

Jaeker-Jones dirigía una discusión sobre la labor de los polinizadores. Annie, una niña con cintas rojas en el pelo, dijo que sabía que los polinizadores transportan el polen de flor en flor en sus patas, lo que permite que las plantas se reproduzcan. Una vocecita en la parte de atrás señaló que el polen de color amarillo brillante en las patas de las abejas se parecía a las migajas que se encuentran al fondo de la bolsita de la botana favorita de los niños: Cheetos. Los demás niños asintieron con complicidad.

Después de tres años, los esfuerzos de la escuela están rindiendo frutos. Hemos visto como los estudiantes cada vez se sienten más cómodos con herramientas científicas, dijo Lila Higgins, educadora comunitaria de ciencias del Museo de Historia Natural. Ahora ya conocen las herramientas y técnicas de cámaras trampa, iNaturalist (el proyecto cívico de ciencias en línea), el uso redes y frascos para insectos y habilidades fotográficas. El objetivo, expresó Higgins, es atraer a estos niños inmigrantes de ciudad a temas de conservación, e idealmente a carreras científicas.

A futuro cercano, los alumnos de Esperanza están colaborando con el Museo de Historia Natural para elaborar una guía de campo para niños sobre los polinizadores, la que se estará disponible para préstamo en bibliotecas y museos locales. El libro incluirá los nombres de las especies en inglés y español, así como los nombres científicos.

Este otoño pasado Gaspar, Annie y al menos otros 100 estudiantes con sus maestros hicieron una excursión a un hábitat muchísimo más grande: Griffith Park, el parque municipal más grande de Los Ángeles. Se unieron a cientos de estudiantes para el festival del día de P-22, llamado así porque está dedicado al puma más icónico, pero escurridizo que recorre la sierra de Santa Mónica. La National Wildlife Federation creó ese día conmemorativo en un esfuerzo por interesar a los niños y a sus familias en asuntos de conservación urbana, desde la amenaza que los pesticidas representan para las abejas hasta la necesidad de un paso de fauna en la sierra de Santa Mónica, donde las autopistas atraviesan los hábitats de los pumas.

A los niños les preocupa, me comentó Rumble. «Saben que P-22 necesita más espacio para deambular». El año pasado todos los niños de tercer grado de Esperanza Elementary School le enviaron cartas llenas de sentimiento a P-22. Este año, agregó, es posible que presenten poemas dedicados al puma que esperan ver, o incluso estudiar, algún día.

Nota: La historia se actualizó para aclarar los nombres de las organizaciones que participaron en la creación del jardín de Esperanza Elementary School.

La High Country News editora colaboradora Ruxandra Guidi escribre desde Los Angeles, California.

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