This story was produced in partnership withĀ Type Investigations, where Tanvi Misra was an Ida B. Wells fellow.Ā This article is also available in English.
Los dos chicos guatemaltecos se acurrucaron bajo una manta negra brillante que reflejaba la luz de la luna. Era su primera noche solos. Su Ćŗnico vĆnculo con la familia era un telĆ©fono celular, asĆ que le enviaron un mensaje de texto a su tĆo, Carlos D.L., en California: “TĆo conteste, nos dejaron tirados”.
Nueve noches antes, alrededor de las 3 a.m., los chicos habĆan cruzado la frontera entre MĆ©xico y Estados Unidos en Sonoyta junto a otras 15 personas y un traficante. Caminaron por el desierto de Sonora, subiendo y bajando colinas accidentadas y arroyos secos, con ajo frotado en sus zapatos para repeler a las serpientes. J.G., quien tenĆa 18 aƱos en ese momento y su primo de 20 aƱos, K.G., llevaban mochilas de 50 libras llenas de cecina, sopas de fideos Maruchan, bebidas energĆ©ticas y las camisetas del equipo de fĆŗtbol Paris Saint-Germain que habĆan comprado en MĆ©xico. Las cuatro botellas de agua de un galón que colgaban de la mochila de J.G. se estrellaban contra su cuerpo a cada paso.
El grupo descansó a la sombra de saguaros y mezquites por cortos plazos, escondiĆ©ndose de los drones de vigilancia de la Patrulla Fronteriza de los Estados Unidos. Sus ropas sucias y de colores apagados ofrecĆan camuflaje, pero no podĆan esconderse de las cĆ”maras infrarrojas de los drones. Era octubre y las temperaturas subĆan por encima de los 90 grados Fahrenheit durante el dĆa y bajaban a los 50 grados por la noche. Caminaron sin parar, descansando tan solo una hora por vez hasta llegar a su destino: un lugar cerca de una carretera donde un contacto del traficante podrĆa recogerlos. El traficante les dio pĆldoras estimulantes para que siguieran adelante.
Al sexto dĆa, sus pies estaban rasguƱados, en carne viva, sangrientos y con ampollas. Al sĆ©ptimo dĆa, se quedaron sin agua. Algunos estaban tan sedientos que bebieron su propia orina. Ese dĆa, mientras escalaban una montaƱa, escucharon lo que sonaban como aullidos de animales. Trataron de escaparse pero las rocas bajo los pies de J.G. cedieron y Ć©l resbaló. Su mano golpeó un cactus y su tobillo se torció. Trató de superar el dolor, pero al dĆa siguiente, ya no quedaban pĆldoras y su cuerpo ya no le daba para mĆ”s. Al noveno dĆa, J.G. comenzó a vomitar. Sin agua y sin poder dormir, colapsó.
El traficante les dijo a los chicos que descansaran. SeƱaló una montaƱa a lo lejos: Ć©se era el punto de recogida, dijo, y siguió adelante con los otros. La imagen de la montaƱa quedó grabada en la mente delirante de J.G. Eventualmente, los primos se levantaron, avanzando lentamente y adoloridos hacia la colina. Cuando encontraron huellas de neumĆ”ticos, se detuvieron, confundidos. ĀæAcaso era ese su destino? No podĆa ser; el guĆa les habĆa dicho que les tomarĆa otros dos dĆas. Pero de todos modos acamparon esa noche con la esperanza de que quien dejó las huellas regresara pronto.

Desde ese momento, cada vez que los drones zumbaban sobre sus cabezas, intentaban hacerles seƱas. Al caer la noche, encendieron un fuego que esperaban que fuera visible desde lejos. Ya no intentaban esconderse.
En la madrugada del 18 de octubre, los chicos llamaron a su tĆo. MĆ”s tarde le enviaron un mensaje de texto con una captura de pantalla de su ubicación en Google Maps. Eran las 8:47 a.m. y la baterĆa de su telĆ©fono estaba al 5%. Carlos les pidió llamar al 911. Para cuando lo hicieron, la baterĆa estaba al 3%.
La frontera entre Estados Unidos y MĆ©xico es la ruta terrestre mĆ”s mortal del mundo para los migrantes, segĆŗn la Organización Internacional para las Migraciones. Miles de personas que intentan cruzarla se pierden, se lesionan o enferman y tienen que llamar al 911 para pedir ayuda. Durante mĆ”s de una dĆ©cada, las autoridades locales de las ciudades fronterizas de Estados Unidos han dirigido las llamadas de personas perdidas hispanohablantes a la Patrulla Fronteriza, la subagencia de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, por sus siglas en inglĆ©s) la cual persigue y arresta a los que cruzan la frontera. El Programa de Migrantes Desaparecidos de la agencia es la principal respuesta del gobierno federal al nĆŗmero de muertes de migrantes, el cual ha ido subiendo durante 20 aƱos. Entre 2014 y 2023, casi el 60% de las muertes de migrantes en las AmĆ©ricas ocurrieron en la región fronteriza entre Estados Unidos y MĆ©xico, superando de lejos el nĆŗmero de vĆctimas en las aguas del Caribe y las selvas del Tapón del DariĆ©n.
El Programa de Migrantes Desaparecidos tiene como objetivo minimizar el nĆŗmero de muertes mediante varias medidas, colocando carteles que aconsejan a los migrantes que llamen al 911, facilitando los intentos de rescate y, cuando sea necesario, recuperando los restos. La Patrulla Fronteriza ha dicho tener Ć©xito y, en 2023, el Congreso amplió la financiación del programa con apoyo bipartidista. Se destinó dinero para “faros de rescate”: torres equipadas con reflectores, luces azules, cĆ”maras de detección de movimiento y un botón de ayuda para migrantes. La agencia solicitó aproximadamente la misma cantidad para el aƱo fiscal 2025, diciendo que los fondos eran necesarios para mĆ”s faros asĆ como para “capacitación, equipo de protección personal, viajes y suministrosā.
Entre 2014 y 2023, casi el 60% de las muertes de migrantes en las AmĆ©ricas ocurrieron en la región fronteriza entre Estados Unidos y MĆ©xico, superando de lejos el nĆŗmero de vĆctimas en las aguas del Caribe y las selvas del Tapón del DariĆ©n.
Muchos funcionarios locales y residentes creen que la Patrulla Fronteriza deberĆa tener la responsabilidad principal por los rescates y la recuperación de migrantes. La agencia forma parte de CBP, la que a su vez es parte del Departamento de Seguridad Nacional, con recursos muchas veces mayores que los de los equipos de emergencia locales y de organizaciones sin fines de lucro. Pero varios trabajadores humanitarios e investigadores fronterizos ven un conflicto de intereses entre el mandato principal de la agencia de detener y deportar a los migrantes, y el objetivo humanitario de salvar sus vidas. Tanto crĆticos externos como agentes de la Patrulla Fronteriza misma reconocen que los dos objetivos estĆ”n entrelazados, pero sólo los primeros lo ven como un problema.
Type Investigations y High Country News analizaron la complicada relación que existe entre las operaciones policiales y de rescate de la Patrulla Fronteriza, utilizando documentos internos, registros de datos, informes del Congreso, relatos de migrantes y el testimonio de los agentes. Estos registros revelan cómo la tenaz persecución de migrantes por parte de la agencia puede aumentar el peligro para esos mismos migrantes, lo que ocasionalmente termina en tragedia. Los migrantes se ahogan o caen de los acantilados; mueren en accidentes automovilĆsticos y por el uso directo de fuerza por parte de los agentes de la Patrulla Fronteriza. Si bien la agencia parece recoger vivos a miles de migrantes que llaman, esos rescates a menudo terminan en arrestos y deportaciones. Hasta ahora, ha habido poca rendición de cuentas por los fracasos del programa, mientras que los datos muestran que cientos de migrantes que buscan ayuda caen en el olvido y nunca se les vuelve a ver.




J.G. Y SU PRIMO le dijeron a la operadora del 911 que querĆan hablar con alguien que hablara espaƱol. Eventualmente fueron transferidos a un agente de la Patrulla Fronteriza en el Centro de Coordinación AĆ©rea de Arizona, o A2C2, una sala de control en la sede de la agencia en el Sector Tucson y la base de su Programa de Migrantes Desaparecidos. Considerado un modelo para los sectores de la Patrulla Fronteriza en todo el suroeste, este estadio de alta tecnologĆa cuesta millones. Vertiginosos mapas digitales del sur de Arizona se expanden por tres paredes. En el grande del centro, pequeƱos puntos blancos parpadeantes representan a todos los agentes fronterizos en el campo. Los puntos azules indican aeronaves aĆ©reas y marinas, y los camiones de vigilancia móvil aparecen como pequeƱos rectĆ”ngulos. Debajo de todos estos puntos de datos se encuentran las montaƱas Baboquivari, sagradas para el pueblo Tohono O’odham, cuyas tierras al norte de la frontera se extienden por los condados de Pima, Maricopa y Pinal.
Las llamadas al 911 redirigidas desde la región sur de Arizona se geolocalizan rĆ”pidamente en el gran mapa digital, el cual los agentes llaman la “tuberĆa grande”. Las llamadas de emergencia estĆ”n marcadas como pequeƱos receptores rojos. El agente de turno se sienta en un escritorio frente a los mapas, rodeado por hasta cuatro monitores de computadoras mientras registra los datos. Cada llamada se clasifica en función de lo mal que le parece al agente el estado de la persona que llama: “cumplimiento de rutinaā es la prioridad mĆ”s baja; “incierto”; “alerta” y āangustia”.
Los muchachos fueron interrogados: cuĆ”ntas personas habĆa, si alguien estaba herido o enfermo, dijo J.G. Luego la lĆnea se quedó en silencio. Finalmente, el agente les dijo que esperaran: alguien vendrĆa a buscarlos en media hora. Apenas 10 minutos despuĆ©s los chicos vieron un automóvil a lo lejos, un vehĆculo verde y blanco con un logotipo que reconocieron a la cĆ”lida luz del dĆa como el de la Patrulla Fronteriza. La ventana del conductor estaba bajada. Lo dejaron todo y corrieron detrĆ”s del coche, saludando, pero Ć©l no se detuvo. Frustrados, le lanzaron piedras. Una de ellos lo impactó, pero el coche siguió su camino.
Carlos habĆa perdido el contacto con sus sobrinos despuĆ©s de que le enviaran mensajes de texto esa maƱana. Llamó a su abogado de inmigración y se conectó con el consulado guatemalteco y con Mario Agundez, un agente de la Patrulla Fronteriza de Arizona que fue fundamental para las operaciones de rescate de la agencia. Tener estas lĆneas directas de comunicación significó que Carlos estaba en una situación mucho mejor que la mayorĆa de las familias migrantes con seres queridos desaparecidos o heridos.
Durante sus mĆ”s de 20 aƱos como agente de la Patrulla Fronteriza, Agundez, quien se jubiló a fines de 2023, a menudo recibĆa llamadas desesperadas de familiares de migrantes desaparecidos. Los agentes dicen que la privacidad y temas de seguridad generalmente impiden que los agentes proporcionen información directa sobre las operaciones de rescate a civiles, por lo que aconsejan a las familias que hablen con sus consulados. Pero Carlos y su esposa no recibĆan mucha claridad por parte del consulado. “Era un desastre, asĆ que le dije a la familia: āConfĆen en mĆ. DĆ©jenme ayudarlos a armar esto'”, dijo Agundez. Asi que transmitió los detalles de la ubicación que recibió por parte de la familia y consultó luego con sus colegas.

Las muertes de migrantes fueron personales para Agundez, incluso antes de que se convirtiera en agente. En 1998, el primo de su entonces esposa murió al cruzar la frontera. Agundez salió de MĆ©xico a los 17 aƱos y dos aƱos despuĆ©s se unió al reciĆ©n formado equipo de bĆŗsqueda, trauma y rescate de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos (BORSTAR, por sus siglas en inglĆ©s), un subconjunto de agentes con habilidades especializadas en respuesta a emergencias. Agundez, quien siente que su propio origen inmigrante le ayuda a entender por quĆ© los migrantes arriesgan sus vidas para cruzar, diseñó el Programa de Migrantes Desaparecidos en 2017, convirtiĆ©ndolo en la Ćŗltima versión del programa de rescate que comenzó en 1998. “ĀæPor quĆ© estĆ”n asumiendo ese riesgo? Mucha gente quiere el sueƱo americano”, dijo. “Estoy tratando de luchar por mi sueƱo americano despertando a otros de su peor pesadilla” a travĆ©s de su iniciativa de rescate.
Todo comenzó en 2004 en el sur de Arizona, cuando su jefe le entregó un telĆ©fono celular y le dijo que atendiera las llamadas al 911 de los condados circundantes, un trabajo que le dió el apodo de “Sr. 911″ en las noticias locales. En 2015, Agundez transfirió la responsabilidad de trabajar los telĆ©fonos a un pequeƱo equipo de funcionarios fronterizos y comenzó a diseƱar el plan de estudios de capacitación y los protocolos para el Programa de Migrantes Desaparecidos. No fue fĆ”cil conseguir que otros agentes se sumaran. De acuerdo a Agundez muchos de sus colegas decĆan, ā’Bueno, si no te estĆ”s muriendo, Āæpor quĆ© llamas al 911? Eres un renunciante mĆ”s y estĆ”s saturando al servicio 911ā”.
A travĆ©s del Programa de Migrantes Desaparecidos, Agundez buscó centralizar las operaciones de rescate y mejorar el flujo de información en la cadena de mando. Persuadió a sus colegas reacios seƱalando que un programa de rescate sistemĆ”tico podrĆa generar beneficios para las fuerzas del orden: los migrantes rescatados podrĆan proporcionar información de primera mano sobre los traficantes, por ejemplo, lo que podrĆa usarse para capturar y enjuiciar a los cĆ”rteles detrĆ”s de la operación. Cuanto “mĆ”s rĆ”pido podamos responder y abordar ese problema de seguridad fronteriza salvando vidas, mĆ”s rĆ”pido podremos volver a la seguridad fronteriza”, dijo Agundez.
Los objetivos de aplicación de la ley han estado integrados en el sistema de rescate de CBP desde un principio. Hoy en dĆa, el programa no existe como un departamento independiente con personal permanente y dedicado, sino mĆ”s bien como un sistema tripulado por un conjunto rotativo de agentes que destila información de las llamadas al 911, familiares, consulados y grupos de voluntarios quienes lo llevan a otras estaciones. El principal desafĆo, aparte del terreno accidentado, el clima impredecible y la seƱal de telĆ©fono irregular, es que los traficantes estĆ”n utilizando deliberadamente senderos en Ć”reas desoladas y montaƱosas para “evitar la detección e intercepción”, segĆŗn una hoja informativa de la agencia. AhĆ es donde los mapas de alta tecnologĆa y las herramientas de vigilancia de A2C2 resultan Ćŗtiles. “Todos estos recursos tienen como misión la seguridad fronteriza”, dijo John Mennell, portavoz de la agencia. “Pero mĆ”s de 4.000 agentes, nuestros activos aĆ©reos, marinos y de otro tipo, pueden sacar a alguien de la montaƱa Baboquivari en un abrir y cerrar de ojosā.
“Estoy tratando de luchar por mi sueƱo americano despertando a otros de su peor pesadilla.”
Cuando reciben una llamada, los agentes primero revisan las bases de datos de arrestos y detenciones de CBP en caso de que el migrante desaparecido ya estĆ© bajo custodia. Cuando los propios migrantes llaman, a menudo tienen miedo de dar sus nombres y descripciones reales por temor a la Patrulla Fronteriza. “Se nos conoce como El Coco”, dijo el agente Daniel HernĆ”ndez. “Tenemos un mito que nos sigue, para bien o para malā.
Si la base de datos no produce un resultado, los agentes en A2C2 indican la urgencia de la solicitud y mandan los detalles a la estación local de CBP. Si los funcionarios de la estación envĆan a alguien, generalmente es un agente que ya estĆ” en el campo. Los agentes de BORSTAR especialmente entrenados, que en los videos de prensa se ven a menudo tratando a los migrantes con vĆas intravenosas en el campo o cayendo desde helicópteros para rescatar a personas, son llamados en un pequeƱo subconjunto de casos segĆŗn los registros internos de CBP de 2021.

Una base de datos de llamadas A2C2 al 911 desde octubre de 2021 hasta septiembre de 2022, obtenida a travĆ©s de una solicitud de registros pĆŗblicos, proporciona una ventana nunca antes vista sobre cómo la agencia maneja las llamadas de socorro en su sector de Tucson. De las alrededor de 3,000 llamadas que se recibieron ese aƱo, mĆ”s del 80% se clasificaron inicialmente como “aplicación de la ley de rutina”, lo que significa que los agentes determinaron que las personas que llamaban no se empeorarĆan ni requerirĆan ayuda para salvar sus vidas dentro de las próximas 24 horas. (Las llamadas permanecen activas en el mapa durante 24 horas). Una proporción similar de alrededor de 87% de los casos fueron etiquetados como “rendidos” debido al resultado final. Al igual que los “renunciados”, el tĆ©rmino se usa para los migrantes exhaustos que no pueden seguir adelante. Estos migrantes estĆ”n, segĆŗn Mennell, “buscando ese viaje en un Uber 911” hasta la celda de procesamiento. Pero alrededor del 5% de las llamadas fueron categorizadas de “socorro” o “alerta” de alta prioridad por los agentes A2C2, lo que significa que la persona que llamó podrĆa haberse deteriorado rĆ”pidamente o incluso podrĆa morir si no recibĆa ayuda.
Agundez admite que los agentes de la Patrulla Fronteriza no estĆ”n capacitados como despachadores mĆ©dicos, por lo que podrĆan estar “minimizando la naturaleza” de algunas de las llamadas. Aun asĆ, cree que estos nĆŗmeros muestran el Ć©xito del programa. “Cuantos mĆ”s ‘abandonos’, menos emergencias verdaderas y menos hospitalizaciones, lo que muestra que el sistema de comunicación de llamadas al 911 funciona para nosotros y funciona para los migrantes”, dijo. El hecho de que los rescates y las detenciones coincidan no es un error, sino una caracterĆstica del sistema para los agentes. “SĆ, perseguimos a nuestros propios pacientes”, dijo Agundez. “Con suerte, llegamos a ellos con vidaā.
De las 3.000 llamadas de emergencia en 2022, 38 (1,2%) se clasificaron como emergencias mĆ©dicas y solo seis parecen haber desencadenado una expedición de bĆŗsqueda y rescate. Otras 299 personas en la región de Tucson que fueron redirigidas al A2C2 ese aƱo nunca fueron encontradas; 180 de ellas se consideraron inicialmente “rutinarias” o de baja prioridad. En al menos un tercio de estos casos, la agencia tenĆa coordenadas algo precisas para la persona que llamaba.
Para Parker Deighan, voluntaria de No MĆ”s Muertes desde hace mucho tiempo, el hecho de que 300 migrantes desaparecidos (casi el doble del nĆŗmero de muertes de migrantes registradas en Arizona ese aƱo) no fueran encontrados despuĆ©s de llamar al 911 “realmente muestra el completo fracaso de la Patrulla Fronteriza para tratar estas llamadas como verdaderas emergencias”. Las personas que eligen cruzar tienen razones urgentes, dijo Deighan, y no “se rinden” a menos que se vean obligadas a hacerlo por temor genuino por sus vidas. “Muestra cómo la deshumanización inherente a la aplicación de la ley en la frontera realmente hace imposible a que la Patrulla Fronteriza sea un rescatista efectivo”, agregó.
“Se nos conoce como El Coco. Tenemos un mito que nos sigue, para bien o para mal.ā
La forma en que estas llamadas al 911 se canalizan a los agentes puede que viole los estĆ”ndares internacionales establecidos en el Manual de Emergencia de la Agencia de la ONU para los Refugiados, el cual requiere que los actores humanitarios no estĆ©n “sujetos a control, subordinación o influencia por objetivos polĆticos, económicos, militares u otros objetivos no humanitarios”. El mandato de aplicación de la ley de la Patrulla Fronteriza se dirige al mismo grupo que pretende rescatar, “por lo que, en nombre de la seguridad, muchos derechos humanos se dejan de lado”, dijo Ieva Jusionyte, antropóloga de la Universidad de Brown y ex-socorrista quien investiga los servicios de emergencia y la violencia a lo largo de la frontera. “Uno de esos derechos es recibir atención mĆ©dica… y el derecho a que esa atención no dependa de que el migrante tambiĆ©n se detenga, arreste o se deporteā.
La maquinaria de rescate otorga discreción sustancial a una agencia que grupos de derechos humanos han criticado por tener una cultura de desprecio hacia los migrantes. Una investigación del Huffington Post descubrió recientemente que los agentes utilizaron insultos antiinmigrantes, incluyendo uno, “tonk”, supuestamente llamado asĆ por el sonido que hace una linterna cuando se estrella contra la cabeza de alguien. Algunos incluso bromearon sobre matar a niƱos migrantes. En el pasado, la agencia no ha responsabilizado a agentes cuando los abusos salen a la luz, de acuerdo a un informe de 2021 publicado por el ComitĆ© de Supervisión y Reforma de la CĆ”mara de Representantes.
Todo esto, combinado con la historia de la Patrulla Fronteriza y la forma en que tradicionalmente ha operado en el suroeste, deberĆa descalificarla para realizar bĆŗsquedas humanitarias, dijo el abogado Angelo Guisado del Centro de Derechos Constitucionales, quien representa a No MĆ”s Muertes en litigios que buscan los registros internos de CBP sobre sus operaciones de emergencia. “Si creen que todo se parece a un clavo, van a usar un martillo, Āæverdad?ā

El 18 DE OCTUBRE, Carlos y su esposa, Claudia L., condujeron hasta Arizona acompaƱados por tres amigos de la familia. “TenĆa la ubicación y no iba a dejar a uno de mis familiares muriendo en el desierto”, dijo Carlos.
DespuĆ©s de que llegaran, el consulado les informó que no habĆan encontrado a los chicos en el lugar al que habĆan enviado. Claudia y sus amigos salieron a buscarlos ellos mismos, mientras que Carlos se quedó en el hotel para monitorear.
Agundez dijo que la llamada al 911 de los chicos no fue priorizada como urgente y que carecĆa de coordenadas muy precisas. Los agentes revisaron el Ć”rea general desde la que habĆan llamado dos veces en las siguientes 18 horas, pero no los vieron. Agundez pensó que los chicos se habĆan mudado de su ubicación original.
“AsĆ que eso es lo que hacen los agentes: se presentan en el Ć”rea y miran un poco aquĆ y allĆ” para ver si hay alguna seƱal, y dicen: ‘Se han ido'”, dijo Agundez. āExisten muchas variables. ĀæPodrĆan los agentes haber desplegado toda la estación? ĀæSuena operativo, o razonable?” Los agentes deben tomar decisiones de rescate teniendo en cuenta que su “primera y principal prioridad” es la seguridad fronteriza, especialmente dados los recursos limitados, agregó.
El presupuesto de la Patrulla Fronteriza se multiplicó por diez entre 1993 y 2021, ya que la agencia formalizó una estrategia de “prevención a travĆ©s de la disuasión”. Esta polĆtica aumentó el nĆŗmero de personal a lo largo de las rutas tradicionales de trĆ”fico de personas para que “el trĆ”fico ilegal sea disuadido o forzado a travĆ©s de terrenos mĆ”s hostiles”, como lo explica el plan estratĆ©gico de la agencia de 1994. SegĆŗn la lógica, cuanto mayor fuera la probabilidad de peligro mortal y mayores fueran las probabilidades de ser atrapado, mĆ”s rĆ”pidamente disminuirĆa el nĆŗmero de cruces.
Esta polĆtica de disuasión es costosa: la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza tiende a gastar mĆ”s dinero por aƱo que cualquier otra agencia federal de aplicación de orden pĆŗblico, reforzando constantemente sus barreras, mano de obra y gigantesco aparato de vigilancia.
Sin embargo, dĆ©cadas despuĆ©s de que se implementara el plan, el nĆŗmero de cruces fronterizos sigue siendo alto a pesar de las fluctuaciones periódicas correspondientes a las tendencias estacionales, los cambios de polĆtica y las nuevas administraciones. Incluso las polĆticas de mano dura, como la prohibición fronteriza del presidente Donald Trump en 2020 durante la pandemia, terminan siendo contraproducentes. La polĆtica de Trump de no permitir que los migrantes soliciten asilo en los puertos de entrada incentivó los mĆŗltiples intentos de cruce a travĆ©s de regiones remotas y mĆ”s peligrosas.
La Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza tiende a gastar mÔs dinero por año que cualquier otra agencia federal de aplicación de orden público, reforzando constantemente sus barreras, mano de obra y gigantesco aparato de vigilancia.
SegĆŗn Agundez, los aumentos en el personal, la tecnologĆa, las patrullas militares, el alambre de concertina y los muros no detendrĆ”n a los traficantes. La Ćŗnica forma de detener los cruces y por extensión, las muertes de migrantes, es endurecer las consecuencias, dijo, haciendo que el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglĆ©s) detenga y deporte a las familias.
La disuasión ha sustentado las polĆticas implementadas tanto por demócratas como por republicanos en Washington. El presidente Joe Biden, quien hizo campaƱa con la promesa de un enfoque mĆ”s humano en la frontera, en muchos casos ha mantenido e incluso ampliado las polĆticas de su predecesor. En junio, Biden firmó su propia versión de una prohibición de asilo. El nĆŗmero de muertes de migrantes alcanzó un rĆ©cord en 2022, con varias muertes reportadas como resultado de la persecución por parte de agentes fronterizos. SegĆŗn los propios registros de la Patrulla Fronteriza, 171 migrantes murieron despuĆ©s de encuentros con agentes en 2022, ya sea porque ya estaban en peligro fĆsico cuando los encontraron o porque se perdieron, enfermaron o resultaron heridos mientras eran perseguidos o arrestados. De estos, 28 migrantes murieron directamente como resultado de la persecución, a menudo en accidentes automovilĆsticos o debido al uso excesivo de la fuerza.
Mientras tanto, ha surgido un mosaico de grupos de voluntarios que dejan agua para los migrantes y realizan expediciones de bĆŗsqueda y ayudan a las familias migrantes a identificar los restos. Al menos un par de estos grupos dicen tener una buena relación de trabajo con la Patrulla Fronteriza. Algunos consideran que es necesario un cierto grado de cooperación, un medio para alcanzar un fin, ya que es la Ćŗnica manera de conseguir el acceso y los recursos. Otros, como No MĆ”s Muertes, han criticado explĆcitamente el papel de la Patrulla Fronteriza en el Ć”mbito humanitario. Esta constelación de grupos, compuesta por estudiantes universitarios, veteranos, contratistas y otros civiles, trata de llenar el vacĆo en la demanda de ayuda humanitaria en la frontera, ayudando a aquellos que no pudieron, o no quisieron, comunicarse con la Patrulla Fronteriza, asĆ como a aquellos que sĆ lo hicieron pero no encontraron la ayuda que necesitaban.


DURANTE CASI 15 AĆOS, la familia de Gloria Zazueta ha abierto su hogar en la Reserva Tohono O’odham a las familias de migrantes perdidos y a voluntarios locales o de otros estados. Han cocinado para grupos de bĆŗsqueda improvisados y los han refugiado con otros familiares en la reserva. Cuando encuentran cadĆ”veres, los bendicen de acuerdo con las tradiciones Tohono, manchĆ”ndolos con salvia para guiar sus espĆritus.
Zazueta y su hija estaban en la mesa del comedor el 19 de octubre, descansando despuĆ©s de un largo dĆa de trabajo, cuando sonó su telĆ©fono: una mujer y dos compaƱeros se encontraban perdidos en el desierto, le dijo un trabajador humanitario. Era Claudia, la tĆa de los chicos desaparecidos, y sus amigos. HabĆan conducido lo mĆ”s cerca que pudieron a la ubicación de los chicos en el mapa de Google y luego se dispusieron a buscarlos a pie. Por nueve horas, recorrieron el desierto. Cuando pasaron junto a los restos de un caballo, Claudia se dio cuenta de que estaban fuera de su elemento. Al caer la noche, llamaron al 911.
Zazueta ya habĆa partido con linternas y agua cuando se enteró que el pequeƱo grupo estaba bajo custodia de la policĆa tribal, asi que llamó y se ofreció a hospedarlos para que pudieran quedarse en la reserva sin permiso oficial. “Esto es lo que hacemos”, dijo a los desconcertados agentes. āEllos son familia de alguien, y les podemos ayudarā.
Zazueta se conmueve cuando recuerda su primer caso: una joven guatemalteca llamada Doraine. La familia de Zazueta se encontró con los parientes mayores de Doraine mientras colocaban panfletos de personas desaparecidas en Sells, dentro de la reserva. DespuĆ©s de enterarse de los hijos pequeƱos de Doraine, aceptaron ayudar. Desde el 6 de julio hasta fin de aƱo, la familia de Zazueta, incluyendo su madre, quien ahora tiene 83 aƱos, acompañó a sus invitados en expediciones de bĆŗsqueda que duraban todo el dĆa. Algunos fines de semana los parientes de Doraine regresaban a California, conseguĆan mĆ”s dinero para la gasolina y regresaban. La bĆŗsqueda los llevó a encontrar los restos de cinco personas, pero Doraine no estaba entre ellas. “Eso fue difĆcil, porque no podĆamos ayudar a darles ese cierre”, dijo Zazueta. DespuĆ©s de ese aƱo, corrió la voz. Grupos de ayuda y familias migrantes en el extranjero se pusieron en contacto con ella directamente, enviĆ”ndole coordenadas, fotos, oraciones y capturas de pantalla.
Zazueta y su esposo, Arthur GarcĆa, se muestran escĆ©pticos sobre el compromiso de los agentes fronterizos para encontrar a migrantes perdidos. “Es esa mentalidad de ‘dejarĆ© que el próximo turno lo recoja'”, dijo. HabĆa visto huellas de neumĆ”ticos que se alejaban de los cuerpos, dijo. āResulta siendo solo mĆ”s papeleo para ellosā.
GarcĆa se desempeñó recientemente como monitor tribal para las torres de vigilancia que CBP erigió en la reserva, alrededor de 10 de ellas en un radio de 75 millas. Ćl y su esposa no ven por quĆ© los agentes no pueden detener y procesar a los migrantes antes, en el muro fronterizo, dada toda su costosa tecnologĆa de vigilancia, en lugar de dejarlos adentrarse tanto en el desierto y perseguiĆ©ndolos hasta la tierra de los Tohono.
La presencia de la Patrulla Fronteriza a menudo ha causado tensión en la reserva. GarcĆa dijo que los agentes atraviesan los pastizales en sus vehĆculos, hieren al ganado, cortan cercas e interrumpen la caza. Recientemente, despuĆ©s de que los agentes dispararon a un miembro de la tribu en los escalones de su propia casa, el Departamento de Justicia se negó a presentar cargos contra los oficiales involucrados. (La familia del hombre asesinado presentó una demanda en 2024). Varios de los familiares de Zazueta han tenido al menos un encuentro con agentes que entraron a su jardĆn y asustaron a los niƱos o confiscaron un automóvil para revisar el tanque de combustible. GarcĆa, quien es el lĆder de las redadas de ganado en su distrito tribal, tiene varias historias similares. Una vez, dijo, fue acusado de tener un altercado verbal con un agente, aunque el caso fue desestimado despuĆ©s de que completara un programa de desvĆo previo al juicio. En otra ocasión, lo esposaron y lo rociaron con gas pimienta frente a su entonces pequeƱa hija y su autobĆŗs escolar. La familia presentó una queja formal ante CBP por parte de la policĆa tribal. Incluso presentaron una demanda legal, pero el caso se vino abajo.
Las relaciones fueron particularmente tensas bajo la administración Trump, cuando miembros del grupo humanitario No MĆ”s Muertes fueron procesados por cargos relacionados con su trabajo humanitario. El caso de mĆ”s alto perfil involucró a Scott Warren, un voluntario que fue arrestado poco despuĆ©s de que se publicaran videos que mostraban a agentes fronterizos derribando contenedores de agua que los trabajadores humanitarios habĆan dejado. Warren fue acusado de albergar a inmigrantes indocumentados y tuvo un par de juicios, pero finalmente fue absuelto.
En 2019, luego de varios informes que criticaban incidentes anteriores relacionados con el programa de rescate de la Patrulla Fronteriza, No More Deaths presentó una solicitud de registros pĆŗblicos en busca de documentos sobre las polĆticas y prĆ”cticas de respuesta a emergencias de la agencia. Los cientos de documentos compartidos con HCN y Type incluyen informes de incidentes y comunicaciones internas sobre rescates a lo largo de la frontera que detallan cómo los migrantes se metieron en problemas o desaparecieron despuĆ©s de huir de los agentes fronterizos. En 2017, por ejemplo, agentes en Arizona “saltaron dos grupos” y detuvieron a dos personas. Uno de ellos escapó y huyó montaƱa arriba. “Se determinó que el riesgo de enviar agentes a la montaƱa por la noche superaba la recompensa de volver a detener potencialmente al sospechoso IA (illegal alien, o extranjero ilegal)”, seƱaló el informe. En otro incidente de 2019, se llamó a una unidad BORSTAR para ayudar a recuperar a un migrante que “se habĆa fugado” y luego “quedó inconsciente” en la cima de una montaƱa en el sur de Arizona.
Zazueta habĆa visto huellas de neumĆ”ticos que se alejaban de los cuerpos, dijo. āResulta siendo solo mĆ”s papeleo para ellos.ā
LA NOCHE DEL 19 DE OCTUBRE, Gloria Zazueta alojó a Claudia y a su grupo en la casa de su madre, a unas seis millas de la frontera en la Calle San Miguel. Esta solitaria vĆa conecta Sells, una ciudad no incorporada que es la capital de la Nación Tohono, con una puerta especial en la frontera entre Estados Unidos y MĆ©xico donde los miembros de la tribu pueden cruzar para ver a sus familiares y visitar sitios sagrados. (La Compra de Gadsden en 1853 dividió el territorio de los Tohono O’odham entre los Estados Unidos y MĆ©xico. La madre de Zazueta, quien ahora vive en Sells, nació al otro lado de la frontera, en MĆ©xico).
El grupo se duchó y intentó descansar. Por la maƱana, estudiaron minuciosamente un gran mapa laminado de la Reserva Tohono O’odham, comparando el terreno en la captura de pantalla que los chicos enviaron con la topografĆa en el mapa. Cuando el hermano de Zazueta, Juan, llegó a recogerlos, el grupo seƱaló hacia las colinas que pensaron que podrĆan ser las mismas.
Juan habĆa ayudado a su hermana desde 2015 con su “quad”, un vehĆculo todoterreno de cuatro ruedas. Su experiencia de vida le fue Ćŗtil: cuando era mĆ”s joven, trabajó como mula, contrabandeando marihuana entre Estados Unidos y MĆ©xico, delitos por los que cumplió casi 10 aƱos de prisión. A diferencia de muchos de los agentes fronterizos reclutados en otros lugares, conocĆa el territorio Ćntimamente; era su patio trasero. (En 2023, comenzó a cumplir una nueva condena por un cargo de 2020 de transportar a un migrante).
Llevó al grupo por un camino de tierra que conducĆa a un pico que creyó reconocer en el mapa. Ya casi estaban allĆ cuando Claudia vislumbró un movimiento. “Detente, para, para”, le dijo a Juan. J.G., pĆ”lido pero vivo, salió a trompicones de debajo de un mezquite. La ubicación parecĆa coincidir con la captura de pantalla que los chicos habĆan enviado originalmente.
Juan Zazueta llamó a la policĆa tribal, la cual avisó a la Patrulla Fronteriza que los estaba esperando en una aldea cercana. J.G. estaba desorientado y mareado, por lo que los agentes lo revisaron y lo rehidrataron antes de llevĆ”rselo. Su primo habĆa dejado a J.G. en busca de ayuda y cuando regresó a ese mismo lugar mĆ”s tarde, vio las huellas de los neumĆ”ticos frescos y comenzó a seguirlas. Cuando finalmente vio un vehĆculo de la Patrulla Fronteriza, se arrojó sobre Ć©l.

SU PRIMO FUE PROCESADO y deportado a Mexico en pocas horas, mientras que J.G. fue llevado al Hospital St. Maryās en Tucson.
Los agentes de campo que recogieron a J.G. no le dijeron a sus tĆos a dónde lo llevaban, por lo que la familia recurrió nuevamente al consulado guatemalteco y a Agundez. El 21 de octubre, Agundez les envió un mensaje de texto, diciĆ©ndoles dónde estaban tratando a J.G. MĆ”s tarde, Carlos agradeció al agente por permitir que su esposa dejara algo de dinero y una muda de ropa para su sobrino. “Finalmente, algo hicimos bien”, respondió Agundez.
En el hospital, J.G. fue diagnosticado con acidosis metabólica probablemente causada por una deshidratación severa. DespuĆ©s de que fue dado de alta el 22 de octubre, un agente amigable lo sacó en silla de ruedas, y le preguntó a J.G. quĆ© querĆa estudiar. CriminologĆa, dijo J.G. Una vez que llegaron al centro de procesamiento, el oficial dejó a J.G. con un colega. No habĆa nada mĆ”s que pudiera hacer, le dijo el oficial. Fue en ese momento que J.G. se dio cuenta de que no podrĆa quedarse en los Estados Unidos.
El agente que se hizo cargo del caso de J.G. le presentó una elección sombrĆa: J.G. podĆa irse a MĆ©xico de inmediato, o podĆa pasar un mes en una instalación de ICE, esperando un vuelo a Guatemala. J.G. eligió la primera opción.
Fue el resultado inevitable de llamar al 911, la opción que Ć©l y su primo habĆan esperado poder evitar. Esa llamada “fue realmente nuestra Ćŗltima opción de sobrevivencia”, dijo. “Pero no nos ayudaron. Fueron mis tĆos los que movieron cielo y tierra para encontrarnosā.
J.G. abordó un autobĆŗs con otros migrantes que estaban siendo dejados en MĆ©xico ese dĆa. Le habĆan quitado su camisa y sus zapatos durante todo el viaje a travĆ©s de la frontera. Sintió que lo llevaban a la cĆ”rcel.

