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California, un estado de odio

Un ex-defensor de la supremacía de la raza blanca observa el aumento en los crímenes de odio

 

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California es el primer estado en el occidente del país que a menudo ofrece soluciones a problemas sociales y ambientales. Actualmente, se encuentra al frente de un difícil desafío, ya que sus ideales progresistas — y su población cada vez más diversa — se ve generalmente opuesta a las políticas del Presidente Donald Trump. En esta nueva columna mensual, una Carta desde California, documentaremos cómo el estado se está adaptando a los cambios en estos tiempos.

La pintura roja en aerosol apareció de la nada una mañana a finales del mes de octubre, en el mismo lugar donde se estrenará un nuevo parque estatal de Los Angeles. Las consignas estaban escritas de forma descuidada: "Trump rulez,” “Hail the Aryans” y otros mensajes fomentando la violencia en contra de judíos y afro-americanos cubrían un par de bancos y letrinas portátiles. Conocido como el Bowtie, el lote abierto de 7 hectáreas sirve de galería para los artistas de graffiti de la ciudad, ya que la policía raramente entra ahí y no limpian sus murales. Pero el nuevo graffiti era diferente, un recordatorio visual de una realidad alarmante: el aumento en los crímenes motivados por el odio a lo largo de California.

El estado ha sido un centro del odio desde que la Ley de Exclusión de Chinos de 1882 dió licencia a los ataques coordinados en contra de inmigrantes chinos en Los Angeles. Actualmente, California tiene el mayor número de grupos que fomentan el odio en el país — 79, con casi la mitad basados dentro o cerca de Los Angeles, de acuerdo al Hate Map del Southern Poverty Law Center. El SPLC comenzó a recopilar datos en 1999, cuando las proyecciones demográficas calcularon que las poblaciones latinas y asiáticas a nivel nacional superarían a la mayoría anglosajona hacia mediados del siglo 21. En California, aquélla predicción demográfica ya casi es una realidad. Con ello se ha visto un aumento en los crímenes motivados por el odio: De acuerdo al último reporte anual del Departamento de Justicia de California, el año pasado trajo una subida del 11.2 por ciento en crímenes de odio en contra de afro-americanos y latinos.

Frente a éstos números, Timothy Zaal me dijo por teléfono que últimamente se ha sentido “abrumado.” Con una altura de un metro noventa, Zaal es un ex-cabeza rapada que sigue siendo intimidante aún a sus 52 años. Aunque no se identifica con un grupo racista desde hace ya tres décadas, dice que cada vez que ve filmaciones de ataques como los que el cometía en su juventud vuelve a tener reacciones parecidas a las de antes. “Yo lo compararía con ser un adicto reincidente, o a un alcohólico que quiere dejar de serlo pero entra a un bar,” dijo. Desde hace un año, los ataques racistas han estado en primera plana, especialmente aquél cometido el verano pasado por neo-Nazis en Charlottesville, Virginia. Zaal dice que al presenciar ésta clase de ataques, debe hacerse recuerdo que la descarga de adrenalina que siente cada vez “es una mentira, porque yo sé que es un reflejo condicionado; que he sido indoctrinado.”

Ex-cabeza rapada y neo-Nazi, Timothy Zaal, frente a un artículo de prensa que detalla su pasado violento. Forma parte de presentaciones sobre su experiencia en movimientos motivados por el odio en el Museo de Tolerancia, parte del Simon Wiesenthal Center en Los Angeles, California.
Ronyn Beck/AFP/Getty Images

Zaal era aún adolescente y vivía en un suburbio de la clase trabajadora de Los Angeles cuando buscó unirse a los neo-Nazis. Todo comenzó cuando sus padres, queriendo alejarse de sus nuevos vecinos de descendencia latina, decidieron mudarse de la casa de su infancia. Fue en ésa misma época cuando un pandillero de orígen afro-americano le disparó al hermano mayor de Zaal, hiriéndolo en la calle. La mezcla de furia y dolor que sintió Zaal tomaron la forma de un grito de guerra, convirtiéndose en su excusa para perpetuar la violencia. Poco tiempo después, Zaal buscó al líder de White Aryan Resistance (fundada por Tom Metzger, ex-Grand Dragon del Ku Klux Klan). Zaal eventualmente se convertiría en un “soldado” de aquélla causa; un tipo conocido por haberle dado una paliza a un jóven gay en las calles de Hollywood en 1981, abandonándolo como a un muerto.

En 1990, Zaal recibió una pena de cárcel de un año por su rol en un ataque en contra de una pareja iraní. Las leyes contra los crímenes por odio en California eran muy permisivas en aquél entonces; hoy en día, Zaal probablemente recibiría una sentencia mucho más larga. Una nueva propuesta de ley promete expandir las sentencias en contra de defensores de la supremacía de la raza blanca como actos de terrorismo.

La diversidad racial y étnica del sur de California sólo acentuaba el racismo de Zaal. “Nosotros decíamos, ‘estamos siendo invadidos por el multiculturalismo, hay muchos ilegales, y se están multiplicando.’ ” Era una retórica muy similar a la que galvaniza a la llamada “alt-right”, pero hoy en día aquél universo motivado por el odio es mucho más dividido — y más activo — por internet. No sólo existen cabezas rapadas, neo-Nazis y defensores de la supremacía de la raza blanca; también hay negadores del Holocausto, neo-Confederates, y grupos anti-gay, anti-inmigrantes y anti-musulmanes. Muchos de éstos grupos sacaron provecho de la ascención de Donald Trump al poder, llevando su ideología a las masas.

No todos éstos grupos son tan violentos en la vida real como parecen serlo en línea. Pero esto no lo consuela a Zaal, quien conoce de cerca el impacto psicológico de la retórica de odio. Hoy en día, Zaal ayuda a otros a cambiar de vida y de mente, al igual que él lo supo hacer. La reforma de un neo-Nazi puede tomar meses o hasta años, y sin embargo, la vergüenza de haber pertenecido a un grupo que fomenta el odio es algo que no desvanece del todo. O más bien, es algo que vuelve a acosarte cada vez que te ves reflejado en las noticias del día, o en el graffiti que encuentras garabateado en un parque.

La High Country News editora colaboradora Ruxandra Guidi escribre desde Los Angeles, California.