La estafa del muro fronterizo de Trump

No se pueden separar al territorio y la gente de la región.

 

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California es el primer estado en el occidente del país que a menudo ofrece soluciones a problemas sociales y ambientales. Actualmente, se encuentra al frente de un difícil desafío, ya que sus ideales progresistas — y su población cada vez más diversa — se ve generalmente opuesta a las políticas del Presidente Donald Trump. En esta nueva columna mensual, una Carta desde California, documentaremos cómo el estado se está adaptando a los cambios en estos tiempos.

Al séptimo día de su presidencia, Donald Trump tuvo una serie de conversaciones por teléfono con otros líderes, como es típico para los presidentes recién electos. A las 9:35 de aquélla mañana, el estaba sentado en la Oval Office mientras que el presidente mexicano Enrique Peña Nieto se encontraba al otro lado de la línea telefónica.

Le quisiera pedir, Señor Presidente, que nos permita buscar la manera de llegar a un nuevo acuerdo entre nuestros dos países,” dijo Peña Nieto a través de un traductor. Su relación ya se encontraba tenue, en gran parte debido a los comentarios ofensivos que hizo Trump sobre los mexicanos durante su campaña electoral. Luego de un par de minutos de intercambio cortés, Trump le rogó al presidente mexicano: Deje de decir que Mexico no pagará por el muro fronterizo.

Ellos (la prensa) nos van a decir, ‘¿quién pagará por el muro, Señor Presidente?y los dos deberíamos decir, ‘vamos a resolverlo juntos.’ De alguna forma podremos ponernos de acuerdo. Eso será diferente a que digas, ‘no pagaremos por el muro’ o que yo diga, ‘no pagaremos’,” le dijo Trump. La llamada duró casi una hora, sin que se resolviera el asunto.

Oficiales de la Fuerza Aérea de E.E.U.U. instalan una valla a lo largo de la frontera al este de San Luis, Arizona, en 2006. Aunque existen varias barreras naturales y fabricadas, la actual administración en Washington está buscando la forma de construir más muros para separar a los dos países.
Department of Defense

Desde el 2004, he estado produciendo reportajes a lo largo de la frontera del suroeste del país, desde el centro de Texas hasta el Sur de California, con un interés especial en la forma en que el flujo de cultura, bienes e ideas se antepone a las divisiones territoriales. El muro mismo es una estafa. No representa una barrera para las redes criminales que a menudo dan mordida a los funcionarios de los puestos de control; las redes que traen a migrantes al país de forma clandestina a un costo de 15.000 dólares por persona, dentro de las maletas de autos (o dentro de camiones, como el que se descubrió recientemente en San Antonio, Texas, con docenas de cuerpos).

El Departmento de Seguridad Nacional ha calculado que el nuevo muro podría costar alrededor de 21,6 billones de dólares, sin incluir su mantenimiento. Los demócratas del senado dicen que el precio inicial llegaría hasta los 70 billones de dólares. Como sería de esperar, nuestro vecino al sur se ha negado a cumplir las órdenes de Trump. Pero casi 700 millas de varias clases de vallas ya existen a lo largo de la frontera de 2.000 millas, gran parte de las cuales fueron construídas durante la presidencia de Barack Obama acompañadas de un aumento en las fuerzas de seguridad fronterizas. Los migrantes y las drogas aún cruzan de un lado a otro, pero bajo circunstancias cada vez más peligrosas.

A pesar de todos los obstáculos, la región se rehúsa a ser dividida: El cruce fronterizo de San Ysidro-Tijuana en California, por ejemplo, es el más concurrido del mundo; es una entrada a una región binacional con un producto anual bruto de más de 220 billones de dólares, de acuerdo a datos del Centro de Estudios Americano-Mexicanos de la Universidad de California. Cada día, el cruce es transitado por aproximadamente 63.000 peatones, 120.000 vehículos con pasajeros, y 6.000 camiones.

Estos viajeros transfronterizos incluyen a jornaleros mexicanos que regresan a sus casas después de un largo día de trabajo, jóvenes que viajan por horas para ir a clases universitarias en San Diego, ciudadanos americanos que visitan a familiares en México, propietarios de pequeñas empresas que van de compras al sur de la frontera, y jubilados que viven en Baja California pero que ocasionalmente regresan a su país, los Estados Unidos.

Lejos de ser simplemente una “ciudad del vicio” o el lugar de origen de poderosos carteles narcotraficantes, Tijuana es un área urbana floreciente; un centro de manufactura para compañías como Panasonic, Samsung, y Sony, y un espacio de innovación social. A lo largo de la última década, Tijuana y San Diego han apostado por colaborar cada vez más a través de proyectos que desarrollan el desarrollo económico para ambos lados de la frontera. En 2015 abrió sus puertas el Cross Border Xpress, una terminal que conecta a San Diego con el aeropuerto de Tijuana. Para el año 2021, inversionistas en las dos ciudades esperan poder inaugurar un puerto de entrada que será manejado por los gobiernos locales de ambos lados de la frontera.

La frontera de San Diego-Tijuana es realmente un microcosmos del impacto de la globalización en las poblaciones más vulnerables del mundo,” me dijo Fonna Forman de la Iniciativa Trans-Fronteriza de la Universidad de California, San Diego. “Siempre hemos creído que el muro, y la región fronteriza en general, es un sitio de experimentación cultural, artistica y arquitectónica. Y debido a éllo, es un laboratorio para el desarrollo de las regiones fronterizas del mundo entero.”

Desde 2012, Forman y su co-director, el urbanista Teddy Cruz, se han centrado en varias iniciativas de base que incentivan el intercambio de ideas; sus “estaciones comunitarias” — pilotos para nuevas colaboraciones transfronterizas — han generado un mayor compromiso cívico en las poblaciones y nuevas políticas urbanas que democratizan el uso de nuevas tecnologías para el estudio de la calidad de la tierra, aire y agua en barrios a ambos lados de la frontera.

La idea de una frontera con más guardias (y un muro aún más feo, grueso y caro) hace que éstas clases de alianzas sean cada vez más difíciles. “Obviamente ahora existe mucho miedo e inseguridad en las comunidades fronterizas en las que trabajamos,” me dijo Forman. Pero la última ola alarmista que viene de la Casa Blanca tan sólo ha envalentonando a Forman a y sus compañeros a buscar nuevas formas de aplicar sus experimentos a mayor escala.

Pensemos en uno de aquéllos persistentes problemas que no podrán resolverse con hostiles políticas: las aguas sucias de los barrios informales de Tijuana que desembocan en los estuarios de San Diego. Se necesitará un plan de sistema de agua municipal transfronterizo urgentemente, lo que requerirá justas políticas urbanas, ambientales y económicas que fomenten la colaboración de agencias mexicanas y americanas. Las aguas sucias se parecen mucho al comercio o a las relaciones humanas: No se pueden separar en la frontera, ni siquiera con un nuevo muro.

La High Country News editora colaboradora Ruxandra Guidi escribre desde Los Angeles, California.